Como Madre también lloro

Todos conocemos o hemos estado cerca de una MADRE. Esa mujer a la que pareciera que nada se le complica, la que puede malabarear entre trabajo, esposo, hijos, ejercicio, casa, sexo y aun así leerte con real interés durante la madrugada si necesitas desahogarte.

Hoy hablo desde el corazón de una de ellas, las rudas, desde un empaque grande, 1.73mts para ser exactos, de huesos grandes y con el peso durante años de ser la fuerte, la que no se cae, el pilar de la familia y el entorno de gente amada.  

Hablo desde el corazón de una madre aterrada a veces por creer que no hace la cosas bien, por no estar segura de hacia dónde va.

 Y es que en este mundo en dónde todo es competencia, en dónde la era de la tecnología ha avanzado a tal grado en que tenemos una app para saber exactamente si es hora de darle la teta al bebé  o si debemos cambiarle el pañal, para hacer un tracking de comidas y popos, no hay espacio para NO HACERLO BIEN. La tecnología no tiene piedad, se da cuenta y te manda regaños en forma de alertas y se asegura de que tengas claro cómo son las cosas.

También están las compañeras de trabajo, los amigos en la media, aún la familia, siempre hay alguien dispuesto a levantar el dedo sancionador en contra de tu trabajo como MADRE.

Saben quién más se da cuenta de que no lo estamos haciendo bien, nuestro cuerpo, y GRITA, en forma de dolor de cabeza, de alergias, de migrañas y en mi caso, en ATAQUES DE ANSIEDAD.

La ansiedad vista desde el lado de una madre es aún peor, no tienes idea de en que momento, empezarás a sentir que las paredes se cierran, si sentirás que no puedes respirar caminando con tus hijos en un paseo escolar, no controlas el entorno en el que tus hijos demandan, exigen y evidentemente ellos no tienen por qué entender cuando su madre no ha logrado mitigar esa carga emocional que la persigue.

Para mucha gente la ansiedad es un invento de las nuevas generaciones, no existe, se domina con respiración yoguini, quien la experimenta está loca, que se atienda, etcétera.

Sin embargo, hoy me gustaría compartir con ustedes que NO, no es invento, se siente físicamente, se vive como una verdadera tortura y más cuando intentas que tus hijos no lo noten para no asustarlos. Las manos sudan, el pecho se oprime, el estomago se recoge y en algunas ocasiones la única válvula de escape son las lágrimas, porque efectivamente las MAMÁS también lloran.

Sin temor a equivocarme les digo que todas las mujeres (en realidad todos los seres humanos) deberíamos poder sentirnos con la libertad de expresar nuestras emociones, sin temor a ser juzgadas.

Te invito pues, a partir de que la tolerancia es uno de los muchos valores que hoy en día no se enseñan, de esas que han pasado de moda y de las que el mundo desde mi perspectiva está careciendo hace un buen tiempo; a que emprendamos un camino juntas en dónde te des chance de sentirte mal, de llorar, de equivocarte, porque en este camino todos estamos aprendiendo.

Y por último, te comparto algunas de las cosas que yo hago para mantener (o por lo menos intentar) a los PINCHES ataques lejos de mi vida.
  1. Hago ejercicio 7 días de la semana, algunos más intensos que otros, pero no dejo de mover mi cuerpo DIARIO.
  2. Por lo menos una media hora antes de que empiece mi día, me siento en un rinconcito de mi casa, medito y me regalo algún mantra para el día.
  3. Todas las noches además de lavarme la cara y los dientes, hago un recuento de las cosas maravillosas que tuve. No tiene que ser nada Fancy, el abrazo de tu hijo, un te amo de tu pareja, una sonrisa de alguien en la calle, etc.
  4. Cuido mucho con que alimento mi cuerpo, porque me ha dado cuenta de que hay un sinfín de alimentos que, si bien no desatan un ataque, sí contribuyen a que no los controle.

Y finalmente y no menos importante, con el paso del tiempo he aprendido que en  mi vida no quiero gente tóxica, personas que no me aportan. Deshecha en la medida de tus posibilidades, malas vibras y gente que no le aporte buena energía a tu vida.

Gracias por leer.

Ana

Te dejo el link al articulo en donde me presento.

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